Nessum Dorma
¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Un año? ¿Año y medio? No lo recordaba, pero un contacto telefónico y laboral desató la imaginación de ambos. De conversaciones completamente profesionales pasaron a contarse intimidades que nadie de su entorno más inmediato sabía. Chats a escondidas. Redes sociales compartidas. Susurros telefónicos y notas de audio. Fotos. Levantarse, ver un mensaje y sonreír. Desde los buenos días y desearse felices sueños. Preguntar qué tal había ido el día y qué habían comido. Los días transcurrían plácidos y tranquilos. Desde que apareció en su vida, se había ido convirtiendo en alguien imprescindible. Era un hombre maduro, experimentado. Una figura de referencia, idolatrada y deseada. Era culto y le enseñó sobre música y literatura. Hablaban de teatro, de libros policiacos y de ópera. Le descubrió Nessun Dorma y desde durante meses el vello se le erizaba y tenía ganas de llorar cada vez que escuchaba esa pieza. Se imaginaba disfrutando de esa canción a su l...