Un papel amarillo
Eras mi príncipe azul. Durante mucho tiempo, me regalaste estrellas y pequeños trocitos de cielo. Iluminabas mi universo y a mí me bastaba contigo. Estábamos enamorados, éramos jóvenes e inconscientes y queríamos sacarle jugo a cada día. De aquella época son las arrugas que rodean mis ojos y tú las provocaste. Risas, puestas de sol, sangría y noches eternas de verano. Gracias. Luego llegaron otros rostros. Personillas diminutas con las que tuvimos que compartirnos. Nos alejamos el uno del otro y a la par nos alejamos de un montón de personas que habían formado parte de nuestras vidas hasta aquel momento. Pasó el tiempo y nos fuimos reencontrando tú y yo y a los demás. Primero recuperamos a Efrén, que retomó sus entrenamientos de waterpolo; por aquel entonces tú estabas de nuevo a mi lado y me dejabas mensajes en pequeños cartoncitos. Luego él dejó el deporte y tuvimos que apoyar las decisiones que tomó en su vida. No fueron fáciles y no las entendimos, pero ¿qué se suponía que debíamos...