De complicaciones y placeres
No. La vida no es tan complicada como se la pintan. En todo caso, era ella quien la hacía complicada y confusa a veces. Estaba tan obcecada en evitar las cosas malas que se le escapaban las buenas.
“Busca los buenos momentos, que los malos vienen solos”, le decía su madre. Y en ello está ahora. Siempre fue y Es de risa fácil, y eso ayuda. No es una alegría constante pero lo intenta. Lo intenta, sí. Los días pueden ser plácidos pero también unos pequeños hijos de puta, así que intenta exprimirlos como si fuesen naranjas y ríe siempre que puede.
Para ella, disfrutar de la vida es a veces compartir un café con una cara conocida y arreglar el mundo de la misma manera que lo es salir al balcón a desayunar y disfrutar del silencio antes de que todo el mundo se despierte. Pisar el césped recién regado con los pies descalzos; pasear por la orilla del mar a primera hora de la mañana y ver el sol salir; tomar una cerveza bien fría en un día caluroso.
Se da a menudo pequeños placeres que la vida le brinda como salir a tomar el sol en un día de primavera o llegar a casa tras un día de frío y calzarse unas pantuflas. Disfruta del alboroto de los niños, de una ración de bravas o de una tapa de pinchos; de una buena película, de un roce de manos cómplice y furtivo, de un flan de plátano o de una canción que la transporta al año 1994.
Reír. Reír es uno de los grandes placeres en su vida. Reír porque le hacen cosquillas, porque está nerviosa, porque le explican algo gracioso o porque coincide con alguien en algo que le acaban de decir. Tenía y tiene tantos y tantos motivos para reír... El fragmento de una serie, una charla de sobremesa, un pantalón que aún le entra; la charla cotilla de la vecina, el camarero que cada viernes pacientemente aguanta sus chistes malos, las amigas que saben qué decirle para cambiar su día si es que es malo. Y cómo no, el comentario de una compañera sobre Sosomán y sus aventuras.
📷 Lídia Gonzalo
Música aquí. The Passenger, de Iggy Pop
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