Ellas


La vida nos ha juntado. No lo teníamos previsto pero hemos acabado en el mismo saco. El saco está a veces roto, a veces un poco maltrecho, pero entre todas tapamos cualquier fuga que se pueda producir.

No podemos decir que somos como gotas de agua. No podríamos ser más diferentes, y eso hace que nos complementemos a la perfección. Somos tímidas y lanzadas, charlatanas y calladas. Valientes y algo cobardes; duras como piedras y rebeldes porque “el mundo me ha hecho así” pero también tiernas, suaves y cariñosas. Madres. También somos madres y luchamos por nuestros cachorros a capa y espada.

La callada apacigua a la charlatana y la tímida se deja llevar por quien no tiene filtro. Las más activas estiran de las que se quedarían todo el día en el sofá y aun así no le hacemos ascos a una tarde de manta y película. Bailongas como pocas, risueñas como muchas.

Mojitos, tardes de playa, caminatas y conciertos; largas charlas, caminos, chiringuitos y apartamentos. Matadores, miradas de complicidad, compras colectivas por internet de las que luego se comparten opiniones. Noches disparadas por un Lonely boy que acaban de madrugada con los pies cansados y una gran sonrisa en la cara.

Tardes en el chino, un “voy a por palomitas” mientras brindamos con una cerveza o un gintonic. Mariscadas, mercadillos, momentos tristes de los que nos reponemos con un abrazo y momentos de subidón del que nos bajamos con un con una reflexión vital.

El confinamiento y la cuarentena nos han separado físicamente pero durante este tiempo hemos compartido muchas risas. Muchas. Reímos, sonreímos. Y espero que siga así, porque me hacen ser mejor persona.

📷 Lídia Gonzalo 

Música aquí. We are family, de Sister Sledge

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